16-18 años
En Bachillerato el problema ya no es practicar poco, sino tener demasiado temario en muy poco tiempo y una prueba al final, la PAU, que lo pregunta todo junto. Lo que más sirve en ese momento no es releer apuntes, sino comprobarse: hacer preguntas, fallar y ver por qué, tema a tema, hasta saber qué está sabido y qué no.
Por eso aquí pesan más los exámenes que los juegos. Cada tema tiene preguntas con su explicación y una nota al final, y se puede repetir cuantas veces haga falta. Los juegos que quedan son los que entrenan una destreza concreta que en Bachillerato sigue costando: leer una gráfica, situar un hecho en el tiempo, analizar una oración.
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